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¡Se nos acaba el cobre!

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Por Diego González, gerente general de Defontana

Para muchos la bonanza económica de Chile tiene los días contados y la enorme dependencia que  tenemos del cobre es peligrosa, sobre todo porque las ventas del preciado metal dependen, a su vez, de otras economías, como la de China, que hoy crece a tasas espectaculares, pero ¿qué pasará mañana cuando se estabilice o cuando ya no requiera tanto cobre para su manufactura? ¿Qué pasará con nuestros ingresos a nivel país cuando se nos acabe el cobre?

Aunque Chile sigue liderando Latinoamérica, situándose en el tercer lugar de la Región, según el Índice de Competitividad Mundial desarrollado por el Institute for Management Development (IMD) de Suiza, nuestro país también experimentó un retroceso de dos lugares, bajando desde el lugar 28 que consiguió el año pasado, al 30 que obtuvo en el ranking internacional actual. Pero aún, desde 1997, año en que comenzó a realizarse esta medición,  Chile ha perdido seis lugares y cinco desde el 2009. Eso preocupa, sobre todo si pensamos en que debemos diversificar nuestras exportaciones.

No hay nada que decir en cuanto a desempeño económico y eficiencia gubernamental, pues nuestro país ha avanzado, de acuerdo al IMD. No obstante, se percibe una clara desventaja en lo que es eficiencia en los negocios, donde se cayó del lugar 21 al 30. Lo mismo sucede con lo que es infraestructura científica. Es ahí donde tenemos una tarea más que pendiente. Pero, al mismo tiempo, una oportunidad que aprovechar, precisamente para comenzar a prepararnos ante un escenario sin cobre. Es una irresponsabilidad quedarse esperando, se debe actuar ahora.

Incentivar el buen uso de las tecnologías de la información como factor clave para optimizar la gestión es, sin duda, un desafío que deberá abordarse para que llegue a todos los sectores. Esto, porque en general, las grandes compañías lo han entendido hace tiempo. Sin embargo, las empresas más pequeñas  e incluso las medianas, muchas veces se ven rezagadas en la aplicación de tecnologías que apoyen su labor, en la mayoría de los casos por una cultura de desinformación.

Asimismo, y aunque se han llevado a cabo numerosos programas de apoyo a la innovación, aún queda mucho por hacer para promover ésta, así como la inversión en I + D a través de proyectos entre universidades, empresas privadas y el sector público. Este debe ser un desafío  constante de mejora permanente.  Tenemos la posibilidad de transformar la cultura-país, haciendo cambios radicales para no tener todos los huevos en una misma canasta. La tecnología puede ser una gran aliada en ello si se aplica, incentiva e innova de manera adecuada, como lo han hecho Irlanda, Israel o Singapur. Debemos proyectar un futuro que no dependa sólo del cobre.

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